Carta abierta a mi alumnado de Literatura Universal

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Queridos Miriam, Rocío, Paula, Inma, Celia, Irene, Alan, Emilio, Alejandro, Davinia, María, Saray, Aida y Laura: 
Comenzamos este curso que ahora termina sentándonos en círculo, como seguramente hicieron los jóvenes que contaban y escuchaban historias en la Florencia medieval asolada por la peste. Con ese gesto también imitamos a Aleksei Ivanovich y a la “baboulinka” que, acompañados de una cohorte de mirones y aprovechados, se disponían en círculo alrededor de la mesa del casino de Roulettenbourg.

Romeo y Julieta nos llevaron a pensar sobre la responsabilidad, la culpa y el destino, además de convertirnos en expertos lectores de textos dramáticos (acotaciones incluidas). La personalidad de Werther, tan atractiva, no nos dejó indiferentes. Sus pensamientos nos hicieron reflexionar sobre la falta de adaptación a la sociedad, sobre la sensación de estar solos en el mundo, sin nada que nos una a nuestros semejantes, y sobre el suicidio como acto supremo de rebeldía.

Paseamos de la mano de Baudelaire, convertidos en flanêurs, por las calles de París, embriagados de absenta y poesía, remedando sus andares de dandi, su altanería, y frecuentando los tugurios en los que crecen las flores del mal.

Una mañana, después de un sueño intranquilo, despertamos convertidos en estudiantes de Literatura, algo desorientados, pero lo asumimos con naturalidad, a pesar de que algunas personas que nos cruzábamos por los pasillos del instituto parecían mirarnos como bichos raros. Esa experiencia angustiosa nos sirvió para cuestionar la autoridad, y hasta la misma realidad, esa cosa tan kafkiana.

Le pusimos un poco de suspense al final del curso. La última reflexión que compartimos nos hizo constatar que a veces triunfa la injusticia y muchos Tom Ripley en este mundo quedan impunes.

Tuve claro desde la primera lectura, desde que decidimos sentarnos en círculo, que no iba a “daros clase”, sino a hablar de literatura con vosotros. Descubrí, además, que os comprometíais con el material literario, que os gustaba escribir, que lo hacíais con gusto y estilo. He pasado muy buenos ratos leyendo vuestros trabajos. Os doy las gracias por ello, de veras.

Nuestra cita diaria con la asignatura pronto se convirtió, para mí, en un encuentro con otros lectores, vosotros y vosotras, porque enseguida me demostrasteis que os gustaba la literatura, que la clase no iba a ser un monólogo, sino un lugar (estoy tentado de describirla como “un oasis”) para la reflexión, la crítica, el humor. Y así pasamos el curso leyendo, escribiendo, riéndonos y hablando. A veces sobre cosas que no venían en el temario.

Pero la literatura es así, nos sirve para conocernos, para conocer el mundo, para hacernos mayores, e incluso para hacernos mejores.

Gracias por todo.


Imagen: Paula Rodríguez e Inma Callejas
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